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| Ilustración Silvana Broqua |
En un glorioso día, envuelto por un silencio de acero, Lao Chi camina entre los ventanales de papel de arroz hasta llegar a la sala. Se sienta sobre el tapete rojo. Los sirvientes le traen el licor de arroz, el agua de arroz para lavar sus manos y el cuenco con arroz.
En la lenta ceremonia, Lao Chi toma los palitos con la diestra, los entierra en el cuenco y se los lleva a la boca, pero el arroz se cae. Imperturbable, mete otra vez los palitos en el cuenco y se los lleva a la boca, pero el arroz se cae. Levanta la mirada y con un mínimo gesto manda decapitar al cocinero.
Desde entonces, en China, el arroz se come apelmazado.
Amor propio
Margarita camina por su barrio. En un cantero encuentra margaritas y se detiene. Arranca una y siente dolor de pies. Mira la margarita en su mano. Piensa: me quiere, no me quiere, me quiere, no me quiere... saca un pétalo y grita: ¡Ay! por el tirón de pelo. Saca otro ¡Ay! y se le cae un mechón. Regresa a su casa masajeándose el cuero cabelludo, pone los pies en la tierra del jardín y se echa agua con la regadera. Margarita se quiere.
Mañas
Pancho se despierta. Se sienta en la cama para ponerse los zapatos. Se pone el izquierdo pero aprieta, el derecho y aprieta. Camina por el cuarto con los zapatos que aprietan. Vuelve a sentarse. Ahora pone el izquierdo en su pie derecho y el derecho en el izquierdo, pero no hay caso, aprietan. Se sienta en la cama, los toma, con esmero los lustra, los soba y se los calza. "Mañeros" piensa Pancho, con los zapatos que ya no aprietan.
Correo que desvía
Fiore no tiene quien le escriba. Espera al cartero todas las mañanas, pero la respuesta es siempre: "Nada para usted, señorita". Impaciente, Fiore, compra una postal con flores, pone su nombre, le pega una estampilla y la envía por correo. Durante tres días el cartero dice: "Nada para usted". Fiore piensa que no puede ser y desespera. El cuarto día el cartero grita: " ¡Correo! ". Fiore abre el sobre, mira una postal de la Torre Eiffel y lee: "Recuerdos de París. La cigüeña". Fiore se emociona y suspira.
Al quinto día el cartero trae otro sobre, con un gran sello: DESTINATARIO DESCONOCIDO. Fiore lo abre, saca la postal de flores y la tira a la basura.
Perspectiva
Rogelio pliega cuidadosamente un papel, una y otra vez sobre sí mismo. Toma la tijera y recorta un hombrecito. Despliega el papel y mira: ocho hombrecitos tomados de la mano, el segundo boca abajo. Consternado lo mira, lo da vuelta, lo vuelve a mirar. Pliega otro papel, recorta un hombrecito y lo despliega: ocho hombrecitos tomados de la mano, el tercero boca abajo. Impaciente toma otro papel, lo recorta y lo abre: ocho hombrecitos tomados de la mano, el cuarto boca abajo. Lleno de cólera, pliega, corta y despliega sabiendo el resultado: ocho hombrecitos tomados de la mano, el quinto boca abajo.
En la octava batalla habrán de morder el polvo, pero antes los hombres pequeños, saborearán la victoria en dos contiendas más, que saben ganadas de antemano.
No te detengas
Artemio siente una piedrita en el zapato, se detiene, desanuda los cordones, se quita el zapato y lo sacude. Cae una roca del tamaño de su pie. Se calza el zapato, ata los cordones y sigue su camino: "Qué raro" piensa, sintiendo el pie pesado como una roca y la piedrita en el zapato. Interrumpe la marcha, se quita el zapato y lo sacude. Cae una roca del tamaño de su pie y una moneda de cinco centavos. Se calza, ata los cordones y sigue su camino, sintiendo el peso de una roca, de una bolsa de monedas y la maldita piedra en el zapato.
A medida
Durante meses Pedro construye una pared. Seca los ladrillos de adobe al sol. Los apila sobre la mezcla. Tira la plomada. Rectifica. Mezcla y ladrillo, una por una las hileras. Vuelta a secarlos al sol y, a otra fila. En otoño, poco a poco levanta otra pared. Día tras día en pleno invierno. Lo mismo en primavera.
En verano, cuando la luz del sol taladra las pupilas, Pedro termina su casa sin ventanas, de un metro ochenta.
Pedro nunca supo de ventanas... ni escaleras.
Abreviado
A la distancia, el poeta redacta un telegrama. Mira al cielo, escribe inspirado:
AMADA MÍA
NECESITO EL AIRE QUE RESPIRAS. NO SOPORTO LA DISTANCIA. NECESITO TU ALIENTO.TU CORAZÓN LATIENDO CERCA DE MI. POR FAVOR NO ME DEJES. VUELVO PRONTO. TINCHO
El poeta mete las manos en sus bolsillos y solo encuentra unas pocas monedas. Le ruega al telegrafísta que lo envíe, que es de vida o muerte. El hombre, que no y que no. Tincho suplica, se hinca de rodillas, llora y negocia.
A Mía le llega:
NECESITO AIRE. NO SOPORTO TU ALIENTO. NO VUELVO.TINCHO.
Amores verdes
Rafael camina entre los surcos. A un costado, los tomates; más adelante, los rabanitos; las aromáticas, a la derecha. En el fondo, los frutales: limones, mandarinas, naranjas y paltas. "La" palta que Rafael espera que madure. Pasa enero y febrero, pero la palta sigue verde. Ésa sigue verde, mientras las demás van tomando color berenjena. Todos los días Rafael espera. Quiere ésa, la que no madura. En marzo la palta sigue pequeña y brillante. Todas las demás ya se pudrieron.
Rafael - cae de maduro - también se queda verde.

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