Como todo gato

(Cuento corto)

Ilustración Matías Galli



El gato ve abrirse una ventana a sus pies. El gato, que como todo gato es curioso, se desliza por ella. Trás él, la ventana desaparece. Entra un halo de luz por el que trepa. Un jardín todo verde se desata; no una tormenta; un jardín, pero ¡Ay! un jardín rodeado de cemento. El gato se sienta a esperar. Espera.
El cemento se mueve; se transforma en alfombra que vuela y poco a poco se aleja. Cae una estrella; del cielo cae una estrella que brilla y ¡Blum! se hace de noche. Una noche sin estrellas. Al gato, que como todo gato ve de noche, no le importa. Se duerme. ¡¿Cómo?! ¿Un gato que duerme de noche? Sí, un gato que duerme de noche y de día. Como todo gato. Se despierta y se estira. Se hace largo, largo como un fideo y dobla la esquina, que él ve, aunque es de noche. En la esquina una escalera sin peldaños. Una escalera sin peldaños que pronto es tobogán porque es escalera que baja. Al final del tobogán: Agua. ¡Ay! ¡Un gato que como todo gato odia el agua!. Un remolino de agua, el gato gira dando vueltas en el ojo del remolino, de una tormenta; que no es tormenta, es una tubería. El gato se escurre por el caño, cae mojado, se lame, se seca y se despierta. Como todo gato que sueña y de un sueño de gato, se despierta.