Fernandito

(Cuento corto)

Es más rápida que la luz, más rápida que el sonido, más rápida que el tren bala, y mucho más poderosa que el Challenger, pensaba Fernandito entusiasmado.Fernandito creía, que el poder de su mente, era inigualable.
Porque cuando la maestra tomaba el listado entre sus manos, Fernandito pensaba fuerte para adentro - Botafogo-Botafogo-Botafogo- el apellido del compañero al que tanto odiaba - y la maestra llamaba: Botafogo al frente.

O miraba fijamente a su perro y pensaba: comela-comela-comela, y el salchicha entonces, se subía a la silla a comer de su plato la asquerosa tarta de espinacas.

O ponía su dedo en la llama de una vela y pensaba: no duele, no duele, no duele. Y era cierto, quedaba rojo, pero no dolía.

Con su madre no funcionaba del todo. A veces pensaba fuerte para adentro:
callate-callate-callate. Pero su madre seguía ahí parada, regañándole por todo.

Pero Fernandito creía, que solo era cuestión de perfeccionamiento.

Todas las noches practicaba. Que el tiempo pase -pensaba- que salgan las estrellas y después llegue el día. Y así Fernandito se convencía del poder inigualable de su mente.

Por supuesto Fernandito, no era como todos los chicos. No sabía andar en bicicleta, ni trepar a un árbol, ni dibujar un tren, los cascarudos le daban miedo y en la escuela le iba francamente horrible.

Mi mente, pensaba Fernandito,  no esta hecha para resolver una suma o una resta, ni siquiera una regla de tres compuesta.

Fernandito creía que el poder de su mente, estaba para cosas más importantes. 

Y era evidente que Fernandito, desconocía los ciclos de la naturaleza, que el universo se ordena por su cuenta, que los animales se mueven por instinto, y que existen las sorpresas. 

Por eso, fue como una puñalada en el pecho, un nudo en el estómago, como una nausea enorme, de esas que te vienen luego de un empacho con chizitos.  Lo agarró desprevenido a Fernandito.

Pasó justo cuando Fernandito, intentaba torcer la fila de hormigas que se abrían paso en el arenero. Nunca se daría por vencido. Miraba la fila, prolija, obediente y ordenada.
Izquierda-Izquierda-Izquierda- pensaba en un esfuerzo inconmensurable. Las hormigas, por supuesto, seguían su camino, porque las hormigas no tienen cabeza, pero tienen genética, algo que Fernandito también desconocía.

Resultó que Fernandito, en medio de la fila de hormigas, descubrió una zapatilla, y en la zapatilla una pierna, y más arriba de la pierna, una nena.

Se quedó largo rato mirando la zapatilla y las hormigas, y largo rato mirando a la nena, sin poder discernir que era más interesante, si el fenómeno de que las hormigas giraran, ahora sí, a la izquierda para sortear el obstáculo, o esa nena de hermosos ojos, brillantes y oscuros como cucarachas.

El final de la historia ya la saben. Lo que no saben es que Fernandito, estuvo muchas noches y varios días con la cabeza hecha una licuadora, atravesado por ojos de cucaracha que le quitaban el sueño, sin poder concentrarse en madres, ni maestras, ni perros, ni hormigas, y que para ganarse esos ojos, el muy grandulón, tuvo que aprender a andar en bici, a trepar a los árboles y hacer cosas mucho más útiles, que andar torciendo a puro cerebro un camino de hormigas.